Vivo del sábado. ¿Me compensa el SEO?
Justo por eso. Quien viene el sábado decide el miércoles: mira dónde comer, qué horario tiene el mercado y dónde aparcar. Si esa búsqueda te la lleva otro, tú te quedas con quien pasa por delante de la puerta. Y de paso recoges al vecino, que compra los cinco días restantes.
¿Cómo evitas el lío con Toulouse?
Separando los datos por país e idioma y cruzándolos con lo que ya te pasa a ti en Search Console. Las cifras brutas de las herramientas mezclan las dos ciudades, así que se miran con un filtro antes de sacar conclusiones. Y en los textos se nombra la provincia, para que no haya duda de cuál eres.
¿Hace falta que vengas?
El primer encuentro, si te viene bien, lo hacemos ahí: veinticinco minutos de coche, media hora de tren. Ver el local y la cocina ayuda a escribir lo que luego lee el cliente. A partir de ahí trabajamos por mensaje y por llamada, sin ocuparte mañanas enteras.
¿Escribes también en euskera?
Sí, y aquí hace falta. Redacto en euskera lo que tu clientela busca en euskera, con las formas propias («Tolosan», «Tolosako»), y cada versión vive en su propia dirección. Un traductor automático encima de la web castellana no consigue posicionar nada.
Tengo empresa en Apatta, no tienda. ¿Igual me sirve?
Sirve, pero se trabaja de otra manera. En el polígono el cliente es otra empresa, no busca el pueblo sino el producto o el proceso, y la ficha del mapa pinta poco. Ahí la pelea está en tu web: una página por capacidad, con datos técnicos concretos que el comprador pueda comparar.
¿Me ato a algo?
A nada. El servicio es mes a mes y avisas cuando quieras dejarlo. Las cuentas están siempre a tu nombre, y lo construido en la web o en la ficha continúa ahí después. Lo que se cobra cada mes es lo nuevo que se hace, no un alquiler por lo ya hecho.